La pobreza y el monopolio de la representación moral. Ariel Wilkis.

El debate que estos días reaparece en torno a la “universalización” de la ayuda social está tejido de argumentos morales. Ariel Wilkis (Sociólogo).

Crítica Digital. 26/10/09

El debate que estos días reaparece en torno a la “universalización” de la ayuda social está tejido de argumentos morales. Éstos son movilizados por algunos agentes que forjan su trayectoria y posición en el campo político reclamando un monopolio de la representación moral de la sociedad. En el caso específico de los argumentos que se movilizan a favor de la “universalización” se hace de la necesidad virtud.

Quienes hablan de “liberar” a los pobres o los tratan de “rehenes” –como el martes pasado escuchamos declarar a dirigentes de la oposición al salir de una reunión con miembros de la Iglesia– trasladan las condiciones de posibilidad de su participación en el juego político a una toma de posición sobre la moralidad con la que los pobres hacen uso de los recursos de origen estatal. Su capital político es inversamente proporcional a la inmoralidad ajena (en este caso la que corroe la vida social de los pobres).

Como nos enseñan en los primeros cursos de sociología, el conocimiento avanza remontando las primeras evidencias. Un breve control sobre las representaciones que se anudan en torno a la “universalización” de la ayuda social implicaría: explicitar el interés en el desinterés de parte de quienes clasifican los usos sociales de la ayuda desde determinadas etiquetas (clientelismo, asistencialismo) y controlar el propio lenguaje de la “universalización” cuando a través de él se transporta un desprecio por aquellos que este discurso pretende “liberar”. Esto se produce cuando esta palabra adquiere poderes mágicos de sanación de una vida colectiva enferma.

¿La denuncia generalizada de usos “arbitrarios” y “discrecionales” en el uso de los planes no implica trasponer una escala de valores de agentes externos hacia una vida colectiva que encontró en esas modalidades de distribución ciertas escalas de justicia? ¿Quién garantiza que la universalización de los planes “libere” a los pobres si ella promete un paraíso sólo a los ojos de quienes abstractamente disocian las denunciadas “arbitrariedades” de las protecciones y seguridades tejidas a ciertas circulaciones de recursos?

Sociólogos y antropólogos preocupados por los avatares del mundo popular han producido una importante literatura durante los últimos años que permite responder estas preguntas. Sería bueno escuchar sus voces antes que se cierre en este debate una única narración sobre los pobres, su moral y los planes sociales.

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