De este lado de la mesa (de examen)

Hasta ahora han sido muchas, muchas más, las oportunidades en que me ha tocado estar sentado del lado del “examinado” antes que del lado del “examinador”. Eso de alguna manera sirve para ser empático, y ponerse en el lugar del que llega a rendir un examen, y entender distintas situaciones: nervios, dudas, inquietudes, pero también en algunas ocasiones las ganas de poder mostrar lo estudiado, el sabor amargo si me cortaban antes de lo previsto, etc.

Recientemente recibí la invitación de un ex – examinado en nuestra mesa de Antropología Social y Cultural para comentar qué vemos desde el lado que nos toca estar ahora, del lado de quienes evalúan, hacen preguntas, deciden la nota. Valga esta reflexión como un ejercicio de pensar en voz alta y poner por escrito cuestiones que varias veces hemos compartido con alumnos y docentes.

Arranquemos con una anécdota. Hace un par de años una alumna que ya se había dado cuenta que no hay problema en comentar con franqueza sus pensamientos me dijo “Es que la gente que ha rendido dice que sos malo… “. Creo sinceramente que la dejé terminar de hablar, pero es posible que no, pues rápidamente le dije: “¿Malo? ¿Malo es lo que te han dicho? ¿Malo de mala leche, de mala persona?” La pobre casi se arrepiente de su sinceridad, pero se dio cuenta que su síntesis de lo escuchado había sido apresurada: “Bueno, no, malo no… Sí que son exigentes, puntillosos, preguntones…” Apenas un poco más aliviado dije: “Ah, eso sí te lo puedo reconocer, porque así somos… Y porque nos gusta hacer las preguntas que pocas veces tenemos la suerte de que nos hagan en clase”.

¿Qué estamos viendo en las mesas de examen? Pues… de todo! Exámenes pobres, malos, buenos y brillantes. Temas preparados con profundidad y con superficialidad, con esmero y con chatura, con interés y con desinterés. Por tanto sigue siendo una GRAN oportunidad de aprendizaje el poder ver rendir a los compañer@s, pues eso permite dimensionar realmente qué tipo de preguntas hacemos, cuánta profundidad exigimos, y qué clase de ejemplos nos gusta escuchar.

El tema de los ejemplos merece un punto en sí mismo. Poder dar un buen ejemplo, a continuación de haber presentado un concepto y su interpretación, es la mejor prueba de que el tema o punto en concreto ha sido aprehendido. Por ello insistimos que al momento de estudiar se debe procurar ejemplificar TODO lo que se procura memorizar. Y esto no sólo para satisfacer a la exigente audiencia de los profesores, sino porque es la mejor forma de auto-testearse si se ha captado cabalmente el concepto o el tema. Muchas veces lamentamos ver que el momento de pensar por primera vez un ejemplo es en la mesa de examen, cuando los nervios juegan en contra y el tiempo corre.

Otra cuestión es si preferimos que preparen tema o bien saquen bolilla. Lo que preferimos es… que estudien bien, y lo otro es accesorio y secundario. Estudiar bien es (ahí viene el trencito) manejar los conceptos en sus elementos centrales tal como los presentan los autores –no es sinónimo de memoria fotográfica-; poder luego dar cuenta de ese concepto explicándolo con las palabras de uno mismo; y por tanto ser capaces de ejemplificarlo. Lo que da un salto de calidad importante en un examen es cuando el/la alumn@ ha hecho un esfuerzo de vinculación de contenidos, y nos ahorra a nosotros el tener que preguntar por dicha vinculación. Esto suele pasar muy pocas veces, y cuando sucede creo que la persona que lo hace corre con la ventaja de una excepción a la regla, y casi que tendemos a valorar más el esfuerzo de vinculación e integración de conceptos, que el resultado presentado.

Rendir un examen no es una experiencia placentera ni es un SPA. Pero seguramente sería menos difícil y complicada si l@s alumn@s se animaran a tomarnos examen a los docentes más seguido, en cada clase, en cada tema. Eso les daría una gimnasia en preguntar, que creo realmente repercutirá en la capacidad de dar mejores respuestas.

Ya hemos visto lo que varios han compartido en diversos comentarios sobre cómo vivieron rendir el examen de esta materia. Valgan estas líneas entonces como breve reflexión sobre qué vemos y qué se siente al estar de este lado de la mesa. Si hace falta ahondar en algo, pregunten en los comentarios, por favor… Recuerden que no hay preguntas tontas (solamente hay tont@s que no preguntan… ) Va con onda, eh?

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2 thoughts on “De este lado de la mesa (de examen)

  1. El tema de rendir un examen es complicado … hace poco rendí uno por cuestiones de trabajo (el cual era múltiple opción) y la verdad fue todo un tema, creo que prefiero que me evalúen cara a cara y poder defender mis conocimientos y no dejar al destino un examen
    En cuanto a lo que se menciona de presenciar los exámenes de compañer@s es algo que recomiendo, no sólo aprendés cuáles son las preguntas y los ejemplos que quieren los profesores … sino que sirve de auto evaluación y saber si estas listo para enfrentarte al momento del examen.
    He presenciado exámenes que realmente me dieron “vergüenza ajena” y lamenté estar en el lugar del profesor escuchando barbaridades, locuras de conceptos y sus relaciones (manotazos de ahogado) (no voy a decir que no lo hice alguna vez) … y ahí aprendí que no debo decir .i.. como así también escuché excelentes exámenes y tomé de ellos lo mejor que dejaron, los ejemplos y como relacionar los temas.
    En cuanto a los profesores, prefiero que me evalué un profesor exigente y no uno que le da lo mismo, ahí veo la calidad del mismo, el que me exige se preocupa por que aprenda su materia y pueda relacionarla e identificar lo que nos enseño rápidamente. Será por eso que un examen que me tomaron y todavía llevo presente por lo que aprendí en el mismo fue el que rendí con usted Pablo y Esteban Tapella … No niego que lo sufrí, no por no saber sino por miedo a no estar a la altura de lo que esperaban de mi … ya que fuí no solo una vez a presenciar un examen sino muchaaasss

  2. Soy un colado en este blog, pero más o menos, porque Pablo nos invita por Twitter. Creo que también tengo más experiencia como examinado que como examinador y no me olvido de esas experiencias. Cuando uno estudia quisisera que todas las materias se aprobaran por promoción para no tener que pasar por la mesa de examen y ahorrar preciosos meses preparándose para esa instancia (siempre usé meses. No soy de los que pueden preparar un final en pocas semanas). Pero mi experiencia como examinado me revoló tempranamente que al preparar el final se obtiene una visión panorámica de la materia que no se había tenido durante la cursada. Me pasó en varias oportunidades. Pero la que más me impactó fue cuando rendí el final de Prehistoria Extraamericana.
    Hasta antes de preparar el final para mi esa materia era un listado inconexo de varios sitios arqueológicos en África, Asia y Europa, cada uno con su inventario de objetos hallados en la excavación, con una cierta antigüedad y que permitía hablar cada uno de diferentes temas de la prehistoria. Y había que sabérselos todos, como quien memoriza las capitales de los países. Para colmo el profesor titular faltaba frecuentemente a clase, por lo que no tuvimos suficientes oportunidades para preguntar.
    Para facilitar el estudio y tener un mapa mental global de la materia, con el compañero con quien estudiaba nos armamos una tabla que tenía en las filas a los períodos de la prehistoria (tiempo) y en las comlumnas a las regiones geográficas. Nuestra idea era colcoar en las celdas los nombres de los sitios arqueológicos que habíamos estudiado (los items del listado).
    Ahí descubirmos con asombro que sólo había una única celda para llenar en cada fila y columna. Cuando nos detuvimos a analizar las características de los sitios para descular a qué se debía esa curiosa “coincidencia” nos dimos cuenta de que tenía una LÓGICA: cada sitio ilustraba la problemática más relevante de cada período (domesticación del trigo, poblamiento de América, etc.). Y cada una de estas problemáticas tuvo origen en una región particular (domesticación del trigo en Medio Oriente, poblamiento de América desde Siberia, etc.).
    Eso fue para nosotros un “descubrimiento” sensacional que le dió sentido a toda la materia. Hasta ese momento no habíamos notado que las problemáticas que estudiaba la materia estaban acotadas a la intersección de unas coordenadas de espacio y tiempo específicas. Fue como una iluminación y constituyó nuestro mapa mental para rendir el examen. Como ya dije, he tenido otras experiencias similares.
    Años más tarde, como docente he tratado de darle una racionalidad explícita a las materias que dicto. Y de no faltar a clase…
    Suerte

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