TEJEDORAS… un libro presentado por Gabriela Vargas Cetina

A continuación copio una entrada del blog de Gabriela Vargas-Cetina, una antropóloga de México de quien ya hemos compartido en este espacio alguna otra producción. Gabriela presenta un libro de otra autora, escrito desde una perspectiva de la sicología. Es muy interesante ver su visión de este material, y muestra en acto el quehacer antropológico. Que lo disfruten!!

http://antropuntodevista.blogspot.com/2010/04/tejedoras-reunidas-de-patricia.html

El pasado 26 de abril presentamos el libro Tejedoras: Generaciones reunidas, de Patricia Greenfield, en la Facultad de Ciencias Antropológicas de la Universidad Autónoma de Yucatán.  La autora es Profesora Distinguida de la Universidad de California – Los Angeles, en el departamento de psicología.  Su trabajo en general tiene que ver con procesos de aprendizaje, y actualmente dirige un centro de investigaciones sobre el aprendizaje infantil por medio de las tecnologías virtuales.  Yo la conozco desde hace muchos años, cuando ella y su estudiante Ashley Maynard trabajaban en Zinacatan, y yo lo hacía en Tenejapa, San Andrés y San Cristóbal.  Siempre es un placer leer un libro de algún o alguna colega con quienes me haya encontrado durante el trabajo de campo.

El libro trata de lo siguiente:
En el pueblo de Nabenchauk, en Zinacantán, Chiapas, las mujeres tejen bellísimos brocados.  La autora llegó originalmente con Carla Childs, otra investigadora, en 1969, para conocer la forma en la que las niñas aprendían a tejer.  Entre 1969 y los primeros años de los 1970s, ellas documentaron por medio de fotografías y de videos la manera en la que el tejido era transmitido, y pidieron a las niñas, y luego a estudiantes en Harvard, que hicieran diseños con palitos de colores.  En los 1990s la autora regresó, junto con su hija, quien era una niña pequeña durante la investigación inicial, y ahora se había convertido en fotógrafa de National Geographic.  Buscaron a las familias que antes habían conocido, y fueron recibidas con los brazos abiertos una vez más.  Desde entonces, la autora siguió retornando a Nabenchauk, junto con otras investigadoras, y en especial con Leslie Devereux Haviland, quien tiene una casa en Nabenchauk, y Ashley Maynard, una estudiante de postgrado que hizo su tesis de maestría y luego su tesis doctoral sobre la transmisión de los saberes entre generaciones de tejedoras, bajo la dirección de Patricia Greenfield.

Varios aspectos del libro me parecieron extraordinarios:

  1. El libro compendia un trabajo realizado por un equipo interdisciplinario a lo largo de varias décadas, de 1969 a 2005.  Son pocos los proyectos antropológicos que yo conozco que hayan tenido no sólo la longevidad, sino sobre todo la constancia y consistencia que este proyecto ha tenido: la autora y su equipo aplicaron las mismas pruebas psicológicas a miembros de las mismas familias, a dos y a veces a tres generaciones;
  2. El libro se enfoca no solamente en los cambios que se han dado en las maneras de transmitir el aprendizaje, en las variaciones por las que los bellos tejidos zinacantecos han atravesado y en el proceso actual en el que la relación maestra – alumna se ha revertido, pues son las hijas las que ahora enseñan a tejer a sus madres, sino también en la forma en la que las técnicas de diseño y brocado han variado de una generación a otra.  Solamente un trabajo de campo sostenido, y una inmersión en el tejido en telar mismo, podían haber llevado a la autora a adquirir este conocimiento minucioso.
  3. Esta investigación ha resultado, ella misma, en un proceso de aprendizaje que primero fue de maestra a alumna, cuando Patricia introdujo a Ashley a la investigación en Nabenchauk, y luego se revirtió, de alumna a maestra, una vez que Ashley hubo vivido en el pueblo por más de dos años y estuvo en mayor sintonía con la vida contemporánea del lugar de lo que Patricia podía estarlo.  El libro refleja este cambio, con honestidad y alegría por los logros de Ashley.

Me gustó mucho la forma en la que Patricia narra sus propios cambios de dirección y opinión en conjeturas y análisis a partir de sus encuentros y conversaciones con otras y otros investigadores, y a partir de las lecturas que iba haciendo mientras llevaba a cambio la investigación, y luego mientras escribía el libro.

Como antropóloga, me causaron problemas algunas de las premisas y conclusiones de la autora en este libro:

  1. El trasfondo de estructuralismo francés que se encuentra como lienzo teórico de este estudio: la idea de oposiciones universales, de desarrollo universal de la mente humana, de etapas universales del crecimiento físico e intelectual;
  2. Las premisas, nunca totalmente explícitas pero fácilmente identificables, de una progresión estructural-temporal que va de la ‘tradición’ a la ‘modernidad’, y de lo ‘simple’ a lo ‘complejo’, tanto en el pensamiento como en los procesos de aprendizaje;
  3. La idea de que las niñas de Nabenchauk prácticamente nacen para tejer brocados.  Muchas culturas alrededor del mundo han utilizado el telar de cintura, y no es posible decir que algún grupo humano nació formológicamente conformado para utilizarlo, o para usar cualquier otro tipo de herramienta.  Las computadoras, por ejemplo, requieren de posturas realmente difíciles para el cuerpo en prácticamente todas las culturas, pues los brazos tienen que hacer flotar las muñecas por encima del teclado.  El síndrome del túnel del carpo, que se deriva de este uso particular del cuerpo, aqueja a la gente de todas las culturas.  Esto es así incluso en aquellos lugares como Silicon Valley y varias ciudades de la India, que se dedican en forma intensiva y casi exclusiva a producir software, y en las que niños y niñas aprenden el uso de computadoras desde los primeros años de la infancia.  Como antropóloga, no creo que en cada sociedad se nazca listos para hacer algo predeterminado, por más usual que esta ocupación sea en esa población.
  4. La idea de que puede darse un distanciamiento científico entre quien hace investigación y quien es ‘investigado’ o ‘investigada’, cuando trabajamos con personas.

Después de haber expuesto estas objeciones, que fueron similares a las expuestas por Francisco Fernández, otro antropólogo de nuestra Facultad que también comentó el libro, Patricia nos dijo que todo esto viene de la psicología y que en general molesta a antropólogos y antropólogas, porque implican generalizaciones universales que son impensables en la antropología.

Por otra parte, desde la antropología o desde cualquier punto de vista, me parece que la autora y su equipo han trabajado de forma rigurosa dentro de los parámetros teóricos de Piaget y otros teóricos del aprendizaje, por lo que el libro me parece un excelente material para la docencia sobre metodología de la investigación de campo.

Muchas partes del libro verdaderamente me emocionaron:

  • La idea zinacanteca de que el tejido parte de una disposición del alma, y que las niñas comenzarán a tejer cuando sus almas estén listas;
  • La narración del re-encuentro de la familia de la autora con las familias de Zinacantán;
  • Las anécdotas sobre hombres, mujeres, niñas y niños y sus concepciones de la belleza;
  • Las preciosas fotografías que acompañan todo el texto;
  • La viñeta de una niña que contruyó una torre de colores con los palitos con los que el equipo de investigación llevaba a cabo sus experimentos; y
  • En general, el calor humano desplegado por la autora a lo largo de todo el libro.

Todo esto me hizo pensar que, muy a parte de los fines académicos de este texto, la comunicación entre el equipo de trabajo y la gente de Nabenchauk ha sido muy real, haciendo también muy real la comunicación entre la autora y quienes leemos el libro.

Considero, también, que las tejedoras de Nabenchauk estarán muy contentas de verse reflejadas en este libro, pues es común que no reciban de vuelta los conocimientos que a partir de ellas han sido generados por decenas de estudiosos y estudiosas de diversos países del mundo, a lo largo de más de medio siglo desde que comenzaron las investigaciones académicas sobre la vida en Zinacantán.  Agradezco a Patricia que nos haga partícipes de este momento devolutivo, y que haya venido a compartir con nosotros su libro.

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